La inutilidad de la filosofía

La filosofía es el conjunto de conceptos y doctrinas creadas por el hombre en un intento por comprender su propia existencia, para esclarecer su origen y destino, para ser uno con su naturaleza racional y superponerla a su instinto animal.

La filosofía per se no es inútil, es la base de principios en economía, derecho y política. Es el mayor de todos los saberes.

Sin embargo, “los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”, expone Marx en su Tesis sobre Feuerbach.

El pragmatismo de la filosofía depende de la actitud del individuo para adoptarla como un modus vivendi. Inútil es la admiración de una idea que no se puede asimilar; improductivo es para una persona consagrarse a la meditación si su accionar es contraproducente, si en la cotidianidad de sus relaciones interpersonales habituales no puede ejercer la filosofía.

Cualquiera que se vanaglorie de una afición a la metafísica y no pueda beneficiarse de su utilidad y que desconozca conceptos básicos como la tolerancia y el respeto, tiene la sapiencia de un yacimiento y no puede hablar con tanta propiedad de algo que le es impropio. Un verdadero sofista es capaz de hacer un análisis consciente y manifestarlo en sus acciones y en su proceder.

Alguien que está cerrado a argumentos antagonistas a sus ideologías, se niega a expandir su conocimiento, tiene un pensamiento involutivo y taxativo, es una entidad irracional y poco científica, su actitud es estúpida.

“Lo que el hombre es no puede determinarse a partir del espíritu ni de la idea sino a partir del hombre mismo, de lo que éste es concretamente, el hombre real, corpóreo, en pie sobre la tierra firme. El hombre no es un ser abstracto, fuera del mundo sino que el hombre es en el mundo, esto es el Estado y la sociedad.” Citando nuevamente a Marx.

Si de opiniones particulares hablamos, la autora considera que algo inútil no es prescindible de valor. Soy partidaria de las ciencias orgánicas, de todo lo que es ejecutable y que requiera un accionar directo del saber práctico, de todo lo material, lo físico, la realidad. El mundo no se cambia con ideas empíricas no teóricas, pero también es necesario lograr un balance, pues el escepticismo a lo abstracto ha provocado una devaluación de la filosofía.

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