feminismo radical y extremista

Feminismo: obsoleto, insuficiente y prostituido

A estas alturas no cabe duda que los ideales actuales del feminismo se alejaron del concepto primario que alcanzó logros de magnitudes trascendentales en ámbitos políticos, culturales y económicos, que proporcionó herramientas para un pensamiento crítico y consiguió la integración y el reconocimiento de la mujer como parte esencial de la sociedad.

No se puede negar el legado histórico de la antigua generación de activistas, pero la actual ideología que se cobija bajo una bandera de igualdad es incongruente, unilateral y excluyente.

Es necesario un consiente replanteamiento de nuevas bases para la creación de una corriente que promueva la cooperación en conjunto del hombre y la mujer, que no exalte las diferencias naturales de ambos géneros, sino que las reconozca como necesarias y complementarias, que abogue por la injusticia de los débiles no condicionada por el sexo.

Es cierto que todavía falta por romper esquemas cimentados en modelos que históricamente privilegian lo masculino y que todavía mueren mujeres por la simple razón de ser mujeres, pero la verdadera causa de injusticias y discriminación son las arraigadas creencias culturales e ideologías religiosas.

La familia como el objetivo a donde se deben dirigir los esfuerzos y objetivos más básicos en los que se deben trabajar: roles laborales y sociales no determinados por el género y educación sexual y reproductiva, ésos son los verdaderos retos para cualquier organización cívica y ética que se pronuncie o avale el bienestar de la humanidad.

Feminismo moderno es sinónimo de hembrismo y se considera igual o peor que el machismo. Las representantes activistas han sido catalogadas de extremistas, provocadoras, fanáticas e intolerantes; se dice que han hecho muy poco por el género al que pretenden beneficiar y en el peor de los casos le han dado al término feminismo un sentido peyorativo; todo esto resultado de resaltar categóricamente la otredad y lenguaje bélico como si se tratara de adoptar un bando contra el cuál luchar.

Personalmente no creo en afiliaciones ideológicas ni en sesgos colectivos, sino en las personas como entes, opciones personales, convicciones individuales, juicio moral propio, pensamiento independiente y particular. Que me declare y condene en contra y toda forma de autocompasión y victimización respecto a la condición y naturaleza femenina no significa que mi realidad sea diferente a la del resto.